lunes, 1 de marzo de 2010
El sufrimiento y la religión en Miguel de Unamuno
El pensamiento moderno de los siglos XVII y XVIII se caracterizó, entre muchas otras cosas, por la fe en la razón y, sobre todo, por encontrar en el sujeto el fundamento de la realidad, de todas las cosas, las cuales estaban ahí para él, muy al modo de la propuesta copernicana de finales del siglo XVI. Así pues, bajo este esquema, el ser humano podía prescindir de Dios, de este Ser supremo del que se asía el hombre del medioevo para fundamentar su realidad y, por ende, también su conducta. Y ello es así porque la razón se erige como la única capaz de elaborar métodos infalibles y sistemas organizados que, a su vez, permiten el desarrollo de las ciencias exactas y con ellas grandes beneficios para el hombre, quien ya no necesita de fundamentos trascendentes que, a la luz del racionalismo, le impedirían un progreso en términos científicos, éticos, políticos y hasta filosóficos, podría decirse. Por lo tanto, desde esta lupa, sólo la razón puede garantizar un conocimiento válido, y todo lo demás son ilusiones, engaños, espejismos que deben ser abandonados.
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