lunes, 8 de marzo de 2010

Identidades en la era digital

Ana Mireille LLuhi Fournier

Proyecto de tesis: Identidades en la era digital. Apuntes para abrir puentes a un verdadero diálogo intercultural.

ÍNDICE
I. El dilema de la identidad en el S.XXI
II. Dialogo intercultural y tecnología de la información
III. Interculturalidad y multiculturalismo


El dilema de la identidad, un acercamiento
Los intercambios culturales no son una novedad de nuestro siglo (siempre han existido ya sea por necesidades comerciales, por afanes de conquista o por el simple interés de conocer otras culturas) pero sin duda actualmente adquieren dimensiones nunca antes vistas. Las enormes y constantes migraciones en todo el planeta, la presencia cada vez más notoria de naciones y comunidades étnicas que reclaman el respeto a su cultura, el imperio de transnacionales, la revolución electrónica y de los medios de comunicación: todos estos factores, hacen que la problemática del contacto intercultural adquiera nuevos matices.
Es cierto que en la actualidad existe un discurso predominante (y considerado políticamente correcto) de aceptación del pluralismo y de tolerancia hacia las diferencias; discurso asentado en los principios de la democracia liberal y que predomina por lo menos en la cara mediática de la globalización. Sin embargo, de manera simultánea y en la práctica, hay una fuerte tendencia a uniformar y hegemonizar los valores culturales. Esta situación ha llevado a la creación de reflexiones filosóficas que enfatizan el reconocimiento y el derecho a la diversidad cultural. Entre estas corrientes se encuentra el multiculturalismo que implica justamente el cuestionamiento de los valores occidentales concebidos como únicos, universales y atemporales. Como señala Luis Villoro:
El multiculturalismo es […] la expresión de una postura ética, política y jurídica nacida del despertar de una ilusión: el sueño del pensamiento occidental moderno que creyó que su concepción de la razón y del bien era la única válida y que podía imponerla al resto del mundo.

Pero antes de adentrarse a las características y necesidades que plantea un diálogo intercultural, cabe preguntarse qué sucede con las identidades cuando nos movemos en un mundo sumamente interconectado y donde los medios de comunicación y la tecnología de la información juegan un papel crucial. Antes de hablar de diálogo ¿Quiénes son el Yo y el Otro?

La dinámica de la globalización impone una situación compleja donde se entrecruzan realidades contrapuestas y entreverados sentidos de pertenencias. Las masivas migraciones generan cambios sustanciales en las formas de vida de las comunidades y por lo tanto en su sentido de identidad. Al mismo tiempo los migrantes inciden en los nuevos espacios geográficos en donde se asientan. La creciente urbanización de la tierra también transforma los valores y hábitos con lo cual se trastoca el sentido de identidad. Por ejemplo, la devastación de un bosque puede llevar a la eliminación de un poblado rural convertido en espacio suburbano lo que obviamente repercute en los usos y costumbres de sus habitantes.
Por otra parte, la tecnología de la información ha dado lugar a la creación de identidades virtuales en la red, palpables en el uso del chat, los blogs o incluso en el establecimiento de poblados virtuales donde cada quien se puede inventar su propia identidad. Cabe preguntarse: ¿a partir de qué valores culturales se crean estas identidades imaginarias? En este punto cabe estudiar lo que Bolívar Echeverría denomina la “identidad americana” cuya característica es la eliminación de obstáculos planteados por la identidad cultural para concentrarse en el progreso (la eficiencia laboral y el consumismo), en otras palabras es una identidad que se sitúa con relación al valor de mercado y no a los valores culturales.

La identidad no es algo estático, cambia, se construye. Es parte de una tradición heredada pero también es producto de las circunstancias, de la actuación de los sujetos y de la interrelación entre los pueblos. En la actualidad son muchos quienes se sienten contrariados a la hora de definir su identidad, su pertenencia a una sociedad y a una cultura.
Al respecto, Amin Maalouf señala:
Somos depositarios de dos herencias: una, “vertical”, nos viene de nuestros antepasados, de las tradiciones de nuestro pueblo, de nuestra comunidad religiosa; la otra “horizontal”, es producto de nuestra época, de nuestros contemporáneos. Es esta segunda la que a mi juicio resulta más determinante (...) sin embargo esa realidad no se refleja en nuestra percepción de nosotros mismos. No es la a herencia “horizontal” a la que nos adscribimos, sino a la otra.

Y así como el Yo se diluye o bien se cuestiona sobre su identidad, el Otro también comienza a tener características diferentes:
El hombre que encontramos y conocemos hoy en las grandes ciudades ya es otro Otro, un producto difícil de definir, de la híbrida cultura urbana, descendiente de mundos diversos y contradictorios, un ser amalgamado, de formas y rasgos imprecisos, fluctuantes.



En este entorno, nuestra identidad más tangible podría estar cifrada en el cuerpo porque nos hace únicos. Pero ¿realmente nos pertenece nuestro cuerpo? ¿Qué sucede con nuestra identidad y nuestro concepto del cuerpo? Toda sociedad incide en nuestra relación con el cuerpo al que se le “educa” para que incorpore (valga la redundancia) ciertos hábitos, usos y costumbres.
Actualmente se utilizan técnicas cada vez más sofisticadas para moldear y perfeccionar el cuerpo. Un medio privilegiado para “educarnos” sobre cómo debe ser nuestro cuerpo es la televisión donde aparecen los modelos sugeridos, los estereotipos a seguir. Se trata de actores quienes son sometidos a múltiples procedimientos quirúrgicos para alcanzar la perfección ideada. El resto de los mortales desea llegar a parecerse a estos modelos, deseo que nunca alcanzará por más que se esfuerce porque además esos cuerpos-modelos son retocados por programas computarizados.
Por otra parte, en esta aceleración global, la atención del cuerpo está cada vez más asediada y encarrilada a mantener una competencia constante con otros cuerpos y a seguir la loca velocidad de la máquina digital hipercompleja. En estas condiciones los seres humanos tienden a convertirse en despiadados ejecutores de decisiones tomadas sin atención. Y mientras la red sigue creciendo y se crean nuevas técnicas para renovar sus contenidos y funciones sociales, el cuerpo físico sufre modificaciones al mismo tiempo que entra en escena una identidad y un cuerpo virtual.
El cerebro se ve sometido a un bombardeo de neuro-estímulos simultáneos y se intensifica la cantidad de información que recibe, de manera tal que su asimilación resulta problemática creando patologías como ataques de pánico y trastornos de la atención. Además de que crea ilusiones de lo que somos.
Los deseos, los miedos, la imaginación se van delineando a través de la cibercultura, mientras el cuerpo se va desvaneciendo.
Los llamados nativos digitales (jóvenes inmersos en la vida de internet) encuentran un mundo de emociones en el mundo digital y perfilan en ella su identidad. La atracción de ese mundo virtual va en demérito del contacto físico, del contacto cuerpo a cuerpo. Los interlocutores ya no son de carne y hueso, son nicknames ubicados en la red por algún interés común y de los cuales se desconoce su identidad real. Y a las vivencias en la red se suma la información que llega por celular, por la televisión, generando una saturación. Aparece además el cuerpo.com: una nueva modalidad que permite crear un cuerpo ficticio ciberespacial; así el sujeto puede cambiar de nombre, de apariencia física, y vivir según sus fantasías en su ciudad virtual.


La identidad por otra parte se construye con referencia al otro y actualmente se da en gran medida mediante la exclusión. La postura de Maalouf al respecto es que la identidad se va adquiriendo a través de las experiencias de la vida, y muchas veces son las heridas las que adquieren mayor relevancia en ella; heridas causadas por humillaciones, vejaciones o exclusiones debidas al origen étnico, la religión y el género, entre otros factores. Concluye que la persona suele reconocerse en la pertenencia más atacada lo que genera odio y puede desembocar en violencia. Así la dinámica de afirmar la identidad, mediante la negación del otro, es a todas luces peligroso. Además de entorpecer la riqueza de un diálogo intercultural, esta situación plantea a la humanidad un gran desafío – que en la actualidad es urgente resolver- el de buscar caminos para que el conflicto intercultural no desemboque en guerras, exterminaciones étnicas y fundamentalismos.

De lo antes dicho se puede derivar el que, actualmente, el incremento de los medios de comunicación en la globalización no se traduzca, paradójicamente en un mejor diálogo entre los hombres. Diversos autores insisten en que a pesar del avance en cuanto a los instrumentos de comunicación cada vez más rápidos y que permiten el enlace de personas geográficamente distantes, se incrementa la soledad, el aislamiento, la exclusión y el rechazo a nuevas formas de pensar.

Somos entonces ¿Seres globales o seres aislados? ¿Identidades perdidas o multiplicadas? ¿Identidades tangibles o virtuales? ¿Identidades culturales o digitales? Antes que nada se requiere hacer una pausa... y cuestionar lo que la acelerada globalización nos vende como identidades. Se requiere asumir una postura activa, valorar las herencias culturales y reapropiarnos de nuestro cuerpo.

Y fenómenos como el cambio climático, nos recuerdan ante todo que más allá de diferencias compartimos nuestra identidad terrestre: todos somos seres vivientes y sintientes.



Bibliografía

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ECHEVERRÍA, Bolívar. La americanización de la modernidad, México, Era, 2008.

ECHEVERRÍA, Javier. Los señores del aire: telépolis y el tercer entorno, Madrid, Ediciones Destino, 1999.

ESTÉVEZ, Carlos y Carlos Taibo (eds).Voces contra la globalización. Barcelona, Crítica, 2008.

KAPUSCINSKI, Ryszard. Encuentro con el Otro, Barcelona, Anagrama, 2007.

KAPUSCINSKI, Ryszard. Los cínicos no sirven para este oficio. Barcelona, Anagrama, 2002.

MALOUF, Amin. Identidades asesinas, Madrid, Alianza editorial, 2002.

RAMONEDA, Joseph. “Los media, la ciudad y la educación. Entre el hiperactivismo y la indiferencia” en Educación y vida urbana, 20 años de Ciudades Educadoras, Barcelona, editorial Santillana, 2008.

ROCA, Genís. “Los nuevos retos de la vida urbana: la redefinición del concepto de comunidad en la era de internet” en Educación y vida urbana: 20 años de Ciudades Educadoras, Barcelona, editorial Santillana, 2008.

VILLORO, Luis. Los retos de la sociedad por venir, México, Fondo de Cultura Económica, 2007.