El dilema de las identidades en el siglo XXI, un acercamiento ciberespacial
Ana Mireille LLuhi Fournier
8 noviembre 2010
¿Qué sucede con nuestras nociones de identidad cuando nos movemos en un mundo sumamente acelerado e interconectado y en el cual los medios de comunicación y la tecnología de la información juegan un papel crucial? La dinámica de la globalización impone una situación compleja donde se entrecruzan realidades contrapuestas y entreverados sentidos de pertenencias en medio de un bombardeo de información y publicidad.
Un fenómeno característico de este siglo es la creciente presencia del ciberespacio en nuestras vidas. Esta “realidad virtual” ofrece posibilidades de interconexión con seres lejanos geográficamente y abre puertas a diferentes visiones de vida, pero, paradójicamente, también nos encierra en nuestras casas. Tenemos nuestras múltiples identidades digitales que nos arrojan tanto a un mundo de fantasía donde todo es posible como a un mundo de control de nuestras actividades. Podemos interactuar a través de encuentros descarnados, y un amplio mundo de publicidad nos acecha desde nuestra privacidad y nos invita a seguir estereotipos.
La cibertecnología ha dado lugar a la creación de espacios sociales patentes en el uso del chat, de los blogs, de redes y de múltiples herramientas más como lo es el establecimiento de poblados virtuales donde cada quien puede reinventarse, el más conocido de ellos significativamente llamado Second Life. Zygmunt Bauman denomina a estas conexiones creadas en el ciberespacio “comunidades de guardarropa” mismas que emergen y desaparecen a diario.1 A diferencia de las “comunidades de pertenencia”- afirma Bauman- en las “comunidades de guardarropa” se desvanece el sentido de compromiso (y por ende de obligación y derecho) al privilegiarse la posibilidad de elección y el individualismo. Justamente la característica principal de estas comunidades es que las conexiones son efímeras y se pueden romper con un click. En ese espacio se tiene además la ventaja de poder elegir a personas afines en vez de lidiar y visibilizar a quienes para cada sujeto pueden resultar indiferentes e incluso provocar rechazo. No se requiere lidiar ni crear comunidad duradera con extraños ajenos a nuestros gustos como puede suceder en un barrio urbano: la web permite aislarles (¿o conectarse?) con lo conocido.
El ciberespacio nos introduce a un mundo virtual paralelo a nuestro actuar en la realidad física, aunque no es del todo paralelo, también son mundos que se entremezclan cuando se hace, por ejemplo, una compra o un depósito bancario. También cuando el trabajo implica el uso de internet, celulares y otras herramientas de la nueva tecnología (lo que es cada vez más usual, si bien hay millones de personas que viven al margen de la web, tema fundamental pero que no se abordará en este ensayo).2 Así, el cerebro se ve sometido a un bombardeo de neuro-estímulos simultáneos y se intensifica la cantidad de información que recibe, de manera tal que su asimilación resulta problemática creando patologías como ataques de pánico y trastornos de la atención.3
Ese mundo semi-real y a la vez semi-ficticio incide no sólo en nuestra concepción de la realidad y del espacio sino también en nuestra imaginación, en nuestra fabricación de sueños, en nuestro inconsciente. Y es en buena parte a partir de estos elementos que cada quien va conformando sus identidades. De esta forma los deseos, los miedos, la imaginación se van delineando a través de la cibercultura, al mismo tiempo que el cuerpo se va desvaneciendo.
Esta situación es aún más evidente e intensa en los jóvenes a quienes les tocó desde temprana edad vivir inmersos en internet y manejan de forma casi natural las herramientas que tienen a su disposición. Son los llamados nativos digitales quiénes encuentran un mundo de emociones en el mundo ciberespacial y perfilan en ella su identidad.4 La atracción de ese mundo virtual va en demérito del contacto físico, del contacto cuerpo a cuerpo. Los interlocutores ya no son de carne y hueso, son nicknames ubicados en la red por algún interés común y de los cuales se desconoce muchas veces su identidad real, pero ¿acaso importa? La relación puede terminar de un momento a otro mediante un delete. Así tanto en el ámbito social como en el privado las relaciones se dan con mucha movilidad y el sentido de pertenencia a una comunidad se pierde. Y a las vivencias en la red se suma la información que llega por celular, por la televisión, generando una saturación. Aparece además, como hemos visto, el cuerpo.com: una nueva modalidad que permite crear un cuerpo ficticio ciberespacial; así el sujeto puede cambiar de nombre, de apariencia física, y vivir según sus fantasías (propias o generadas por la propia globalización) en su ciudad virtual, que se ha convertido en un nuevo espacio público, lejano a las referencias físicas. Es “el sexto continente” como lo denomina Virilio.5
Zizek, por su parte, mantiene una postura muy crítica ante este desvanecimiento del ser y las diferencias en internet:
Lo que la Realidad Virtual provee es la realidad en sí misma privada de su sustancia. Del mismo en que el café descafeinado huele y sabe como el café real sin ser la cosa real, mi persona en la red, el “tú” que veo ahí, siempre es ya un Yo descafeinado.6
Cabe preguntarse: ¿a partir de qué valores se crean estas identidades imaginarias circundadas de comunidades de guardarropa? En este punto un enfoque posible es retomar el concepto de “identidad americana” que plantea Bolívar Echeverría y cuya característica es la eliminación de obstáculos planteados por la identidad cultural para concentrarse en el “progreso” (i.e. en la generación de capital, la eficiencia laboral y el consumismo), en otras palabras es una identidad que se sitúa con relación al valor de mercado y no a los valores culturales.
Al parecer el incremento de los medios de comunicación en la globalización no se traduce paradójicamente en un mejor diálogo entre los hombres. Diversos autores insisten en que a pesar del avance en cuanto a los instrumentos de comunicación cada vez más rápidos y que permiten el enlace de personas geográficamente distantes, se incrementa la soledad, el aislamiento, la exclusión y el rechazo a nuevas formas de pensar. En palabras de Zizek:
La típica persona que navega hoy sentándose sola frente a la pantalla de un PC, está convirtiéndose cada vez más en una mónada sin una ventana directa a la realidad, encontrando sólo simulacro virtual, y aun así cada vez más inmersa en la red global, comunicándose sincronizadamente con el planeta entero.7
¿Nuestro sentido de identidad se va perdiendo o se ve multiplicado por nuevos factores? ¿Pesan más las identidades tangibles o las virtuales, las identidades culturales o las que nos definen como entes económicos digitalizables?
Seremos entonces: ¿Seres globales o seres aislados? ¿Seres adictos a una realidad incorpórea en la cual se nos invita a olvidarnos tanto de nuestra soledad como de nuestro sentido de comunidad, de nuestra situación socio-económica, de nuestro vínculo con la naturaleza?
Antes que nada se requiere hacer una pausa... y cuestionar lo que la acelerada globalización nos vende como identidades, cuestionar incluso la velocidad de vida que se nos impone, la creciente aceleración a la que se refiere Virilio. Y para romper con está dinámica vertiginosa se requiere además asumir una postura activa, valorar las herencias culturales, reapropiarnos de nuestro cuerpo y romper el control y la vigilancia digitalizada. Al respecto Mercedes Garzón indica: “Volver a conseguir el control sobre el cuerpo de datos podría ser un acto clave de desobediencia civil electrónica, puesto que es talvez la forma más eficaz de devolvernos nuestra autonomía”.8
Con todo ello no se quiere negar las amplias posibilidades que ofrece el “sexto continente”, o el “tercer entorno” como lo denomina Javier Echeverría.9 No se trata de juzgar sino de adentrarse en las características de un mundo virtual que incide en la cotidianidad y donde cabe tanto la política, la economía y el conocimiento como la interrelación a distancia entre los individuos. Es preciso estudiar hacia dónde nos está llevando e ir redireccionando su desarrollo, como propone Javier Echeverría, porque no hay marcha atrás. Quizás a las visiones negativas de Zizek y Virilio haya que cuestionarlas anteponiendo la maravillosa cantidad de información que se puede encontrar en el ciberespacio, los intentos de romper el cerco informativo que manejan los “señores del aire”, las alianzas que se pueden crear para buscar un intercambio intercultural fundamentado en la igualdad, el respeto y un interés por aprender sobre otras cosmovisiones del mundo. Todo esto en contraposición a un multiculturalismo-ficción, políticamente correcto, que se despliega en internet a través de lo que Bill Gates llama “capitalismo libre de fricción” y que -como dice Zizek- sólo sirve para disimular los intereses económicos.10 No se debe olvidar que esta saturación de información-velocidad unida a una estrategia de explotar el miedo (intensificada por los medios de comunicación), nos lleva a un estado de pánico (cf. Virilio) o de shock (cf. Naomi Klein). En “La doctrina del shock”, Klein demuestra el buen negocio que es para las multinacionales y sus socios políticos lucrar con esta estrategia. Ya se trate de una guerra, una crisis económica o un desastre natural, el principio de la doctrina del shock es aprovechar esos traumas colectivos para quebrar la voluntad de los ciudadanos, para lo cual es importante anular su identidad (borrar su historia) lo que permite controlar y manipular sus percepciones y comprensión. El miedo paraliza, anestesia, nos quiebra y vuelve obedientes. Romper con el miedo sería talvez un paso importante para desentrañar esta dinámica, así como no permitir que se borre la identidad, la historia, la cultura, la memoria.
Virilio da otra pista para enfrentar el miedo que tiene que ver con nuestra concepción espacial:
Si queremos luchar contra el pánico, contra todos los pánicos, habrá que volver mañana a una política geofísica y no solamente a una ecología urbana. Una política de la materia y no únicamente de la luz y de su mentada “velocidad de liberación”.11
Por último cabe destacar que fenómenos actuales como el cambio climático, nos recuerdan ante todo que más allá de diferencias compartimos nuestra identidad y nuestro espacio terrestres: todos somos seres vivientes, pensantes y sintientes. Este planteamiento parece muy obvio, incluso ingenuo, pero si nuestra cultura en el siglo XXI se resume a estar durante horas ante una pantalla, si ese es el uso y costumbre cotidiano de una parte importante de la sociedad aunado a correr vertiginosamente de un punto a otro, tal vez subrayar esta identidad terrestre no sea tan superficial.
Como sañala Kapuscinski el desarrollo en el campo de las comunicaciones se ha convertido en un desafío fenomenal, por un lado nos acerca pero por el otro:” Entre dos personas, entre uno y otro Yo, se ha metido un intermediario técnico: la chispa eléctrica, el impulso electrónico, redes y enlaces, el satélite... La palabra hindú “Upanishad” -recuerda Kapuscinski- siginificaba “estar cerca”, “al alcance de la mano”. El Yo se transmitía al Otro no sólo con la palabra sino también con la presencia, la cercanía, la permanencia en un mismo lugar, el trato directo. Nada puede sustituir esta experiencia”.12
BIBLIOGRAFÍA
BAUMAN, Zygmunt. “Espacio público” en Educación y vida urbana, 20 años de Ciudades Educadoras, Barcelona, editorial Santillana, 2008.
BERARDI, Franco. La fábrica de la infelicidad, Madrid, Traficantes de sueños, 2003.
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ECHEVERRÍA, Javier. Los señores del aire: telépolis y el tercer entorno, Madrid, Ediciones Destino, 1999.
ESTÉVEZ, Carlos y Carlos Taibo (eds).Voces contra la globalización. Barcelona, Crítica, 2008.
KAPUSCINSKI, Ryszard. Encuentro con el Otro, Barcelona, Anagrama, 2007.
KAPUSCINSKI, Ryszard. Los cínicos no sirven para este oficio. Barcelona, Anagrama, 2002.
GARZÓN, Mercedes. www.la_ ciber_ética.com, México, editorial Torres Asociados, 2001.
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RAMONEDA, Joseph. “Los media, la ciudad y la educación. Entre el hiperactivismo y la indiferencia” en Educación y vida urbana, 20 años de Ciudades Educadoras, Barcelona, editorial Santillana, 2008.
ROCA, Genís. “Los nuevos retos de la vida urbana: la redefinición del concepto de comunidad en la era de internet” en Educación y vida urbana: 20 años de Ciudades Educadoras, Barcelona, editorial Santillana, 2008.
VILLORO, Luis. Los retos de la sociedad por venir, México, Fondo de Cultura Económica, 2007.
VIRILIO, Paul. Ciudad pánico. El afuera comienza aquí. Buenos Aires, el zorzal, 2006.
ZIZEK, Slajov. En Tí Más que Tú Mismo. Reproducido en http://www.13t.org/decondicionamiento/forum/viewtopic.php?t=565
ZIZEK, Slajov. “Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional” en Salkjov Zizek, Friedric Jameson. Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, ed. Paidós, Buenos Aires.
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